Lo que comentábamos de muy buena gana era la manera en que se había propuesto cumplir sus expectativas; como por ejemplo casándose sin amor con alguien sólo para alcanzar cierto estatus, manipulando personas y circunstancias para satisfacer lujosas necesidades, moviendo influencias en la alta, media y baja sociedad para alcanzar un sobrevalorado puesto laboral, o simplemente "meneando las caderas" (por decirlo de una manera elegante) para lograr sus propósitos.
Es decir, nuestras colegas han utilizado cualquier recurso que bordea (y que a veces sobrepasa) los límites de la ética laboral e interpersonal con tal de conseguir su propia satisfacción, tan sólo así, de una manera simplemente desvergonzada. Y lo peor del caso es que ¡han logrado todos sus propósitos!
Entonces concluimos que en este mundo no se puede caminar por la senda del bien y el trabajo duro sin que alguien te pisotee olímpicamente con alguna trampa para rebasarte. Hay que jugar el mismo juego sucio y amoral que la gran mayoría, puesto que es la única manera de alcanzar las metas de uno. Hay que manipular, ser desconsiderado y egoísta, porque todos los demás son así con uno.
Tal vez sea cierto, el mundo está más egoísta que nunca. Pero me niego a ser parte de esa mayoría. Me niego al compadrazgo, al nepotismo, a las uniones sexuales y conyugales sólo por interés. Y no porque le tenga fe al mundo, al contrario. Simplemente quiero seguir aspirando a una vida propia sin necesidad de llevar a cabo acciones de ética dudosa. Quizá la frase "se aprovechan de mi nobleza" sea el estandarte de toda mi vida, pero no importa. Mi conciencia es ligera como una pluma y prefiero personalmente mantener el fair play.