miércoles, 1 de enero de 2020

¿Volveré a tener una Nochebuena y Noche Vieja?

Las cuentas no discriminan la manera en que se paguen, ni los gastos, ni las necesidades ni los lujos. Cuando era joven nunca imaginé que trabajaría en retail durante las fiestas navideñas. De hecho recuerdo que trataba de evitar salir a la calle los 24 y 31, prefería quedarme en casa tranquilo. Y en mis años trabajando en oficina eran días lentos con poco movimiento, pocas labores, con una pequeña celebración entre compañeros esperando la salida adelantada para llegar a casa con la familia.

Los días previos a Navidad trabajando en el comercio son un infierno que sólo los pecadores más reilientes están dispuestos a enfrentar, incluso los más veteranos del rubro esperan con ansias el término de la temporada.

La incultura del chileno promedio (y en realidad del latino promedio) es dejar todo trámite o tarea para última hora, incluyendo la compra de regalos. Algo que perfectamente podría conseguirse con un poco de disciplina y previsión termina siendo un caos desesperante tanto para el comprador como el vendedor. Uno ve hordas de personas indecisas buscando algo que no saben, a un precio de feria de las pulgas, para alguien a quien les importa un carajo tan sólo por guardar apariencias o mantener compromisos, gastando dinero que no tienen. La presión social de regalar algo es intensa.

Todo eso sumado al calor propio de estas fechas, a la urgencia de cumplr metas, a mantener una buena disposición a pesar del cansancio producto de largas jornadas... Y encima de todo el círculo cercano espera que uno tenga energía para celebrar, compartir, participar de los festejos. Una vez que llego a casa después de trabajar un 24 de diciembre yo sólo quiero aterrizar en mi cama y no escuchar voz humana por lo menos en 12 horas.

Extraño días tranquilos, y anhelo mis vacaciones de verano, que este año me tocan en abril.

sábado, 12 de enero de 2019

Perezosos días de verano

Como casi en toda empresa era inevitable que en mi trabajo también se organizara un ágape entre compañeros de labores para fin de año. Al trabajar en retail las opciones son reducidas, principalmente por los draconianos horarios que tenemos, de modo que acordamos reunirnos un domingo para compartir entre camaradas.

Ya que ahora vivo en Quilpué no tenía intención alguna de viajar todo el día para ir a algún centro de veraneo repleto de escuincles ruidosos con piscinas llenas de urticante orina ajena y extrañando el baño de mi casa cada vez que sintiera un retorcijón en el estómago. Así que sin pensarlo y sin medir consecuencias ofrecí mi casa para llevar a cabo la reunión. Por supuesto, puse la condición de que fuera sólo con gente de la tienda. Cuento corto tuve que acceder a que vinieran con su familia, o al menos parte de ella.

Acordamos realizar nuestra junta de fin de año a principios de enero, y estratégicamente pedí vacaciones desde el día inmediatamente  después a ésta. No tenía intenciones de volver a trabajar después de ser anfitrión para tal evento. Por suerte tuve la ayuda de todos, así que no me estresé tanto.

He tenido toda esta semana para mí. Aún no me llega mi quincena así que he tratado de evitar gastos. Además esta casa es un resort comparada con donde vivíamos antes. Una piscina, modesta, pero piscina al fin y al cabo ayuda a que me guste el verano. De hecho no recuerdo cuándo fue la última vez que me gustó el verano... ¿Quizás hasta la época universitaria donde tenía casi 3 meses libres de preocupaciones?

Hasta hace poco tener tiempo libre en el verano era más bien estresante: lidiar con afuerinos y ambulantes justo afuera de mi casa, ver la frustración de mis padres de no obtener descanso en ningún momento de la semana, ser testigo de la inoperancia de la autoridad local, etc. Me escapaba de todo eso porque pasaba casi todo el día en el trabajo y en cierto modo era más soportable atender a personas con cabeza de chorlito que no saben qué shampoo usan a diario (no, no es una exageración) que ver a mi barrio tomado por ambulantes que venden bisutería comprada en AlíExpress a precio de huevos Fabergé para los ingenuos turistas extranjeros (de hecho los "artesanos" del Paseo Dimalow hacen el show de picar piedritas para aparentar que las fabrican ellos mismos, qué fraudes).

Ahora todo es distinto, siento que estoy disfrutando el tiempo libre, y ver a mis padres con el derecho pleno de descansar es impagable. Antes me ahogaba, ahora me deleito con mucho aire fresco y tranquilidad. Aunque lo admito: Extraño la vista al mar. La vida le dio una gran oportunidad a mi familia, y la aprovechamos. Quizás me arrebataron mi Navidad, pero estos días me han hecho recordar mis veranos pasados, y aunque no sean 3 meses al menos han sido grandiosos hasta el momento.

martes, 25 de diciembre de 2018

Navidad secuestrada (otra vez)

El trabajo en retail ha sido lo que ha pagado mis cuentas desde hace 3 años, con una pausa de algunos meses entre el 2016 y 2017. Es un oficio noble, sacrificado y bastante mirado en menos por los pseudo-intelectuales. Tampoco voy a mentir, extraño un empleo de oficina con horarios más benignos. Pero como se dice coloquialmente "es lo que hay", y costea mis gastos. Además me ha ayudado a desarrollar carácter, paciencia y habilidades sociales.

La época navideña es una temporada con múltiples caras. Las empresas la ven como LA oportunidad del año para maximizar las ganancias y terminar el período con números positivos, en especial los días previos a Navidad propiamente tal.

Esta Nochebuena no fue la excepción: Una larga y agotadora jornada atendiendo a gente irresponsable que compra los regalos que van a entregar a última hora, promociones improvisadas, condiciones laborales incómodas, entre un largo etcétera. En cierto modo hay que agradecer la legislación que prohíbe la actividad laboral más allá de las 8 de la noche en víspera de Navidad. Hasta hace poco las tiendas no dejaban ir a sus trabajadores sino hasta altas horas de la noche, una práctica absolutamente inmoral, aunque considero aún más amoral que hubiera gente tan desconsiderada y carente de sentido común que pretendiera realizar sus compras a último momento.

Es la tercera Navidad a la que sobrevivo trabajando en retail. En realidad en todos los trabajos que he tenido tengo recuerdos de nunca haberme retirado a casa temprano. Es la única fecha que me gusta celebrar, y la considero sagrada. El resto de los feriados en realidad me importa menos que un comino.

Extraño ver los especiales de Navidad en televisión, la emoción de esperar todo el día la deliciosa cena y el intercambio de regalos por la noche... Este año con suerte pude llegar antes de las 9 de la noche a casa acá en Quilpué... La primera Navidad acá después de 36 años de navidades en Valparaíso. Lo bueno es que sí se notó un cambio radical, ya que pasamos de la bulliciosa y tóxica "bohemia porteña" que infectó nuestro barrio de antaño a la tranquilidad suburbana de este pacífico pueblo. Volvimos a pasar estas fechas en un agradable ambiente familiar libre de irrupciones externas.

Me pregunto si alguna vez volveré a experimentar la magia que se vive en víspera de Navidad.

domingo, 2 de julio de 2017

A letter to someone I was once close with...

I'm really happy that we resumed contact after breaking up with "Mr. x". Although we didn't have the chance to become an actual couple, I will always treasure the wonderful moments I enjoyed with you. 

You have confessed to me that you're not completely happy with your current relantionship, and secretly my heart wants you back, even though I will never be able to afford your earthly needs. 

Since love is putting others' needs before yours, then I guess I could say I love you, and I truly hope you find someone who will be able to satisfy all your needs. 

In the meantime I'm just happy to briefly talk to you once a week, and hugging my pillow at night pretending it's you, until I feel warm, cozy, and fall asleep, wishing I will meet you once again in my dreams. 

Love 

Me

viernes, 14 de abril de 2017

Tradiciones de origen espontáneo

Hace algunos años, después de una devastadora ruptura sentimental con una persona de origen muy "católico" (sí, entre comillas porque de valores católicos sólo la imagenería de trípticos, calendarios de pared y figurillas de yeso), quedé en un estado melancólico tan notorio e inédito para mi familia que, casi sin percatarme, empezaron a darme gusto en casi todo lo que se me ocurría.

No era algo que yo quisiera, ni mucho menos me iba a aprovechar de eso, pero esos pequeños detalles me sorprendían y alegraban el día.

Días antes de Semana Santa, durante el almuerzo, mis padres mencionaron sus planes para el menú durante ese fin de semana, y de broma mencioné que para el día viernes se me antojaba un sandwich de carne con queso y un huevo frito encima, algo contrario a las tradiciones pertinentes a dichos feriados. Mi papá y yo no somos católicos, sólo nos aprovechamos de fechas así en sentido material. Mi mamá sí lo es, aunque sólo apegada a las costumbres, mas no a la nefasta organización en sí.

Llegó ese viernes, había despertado recién, pero me quedé un buen rato en cama, mirando el techo, tratando de pensar maneras de resolver mi vida en aquel entonces. En eso mi papá abre la puerta de mi dormitorio y entra con mi desayuno, a la cama, y era exactamente lo que en broma se me había antojado un par de días atrás: un gran sandwich de carne con queso derretido y un huevo frito. Fue como si el espíritu santo descendiera sobre un plato y se posara justo delante de mi. Jamás olvidaré ese gesto tan noble de mi padre.

Para conmemorar esa ocasión decidí mantener la tradición de un desayuno carnívoro en Viernes Santo, para remembrar que pase lo que pase la lealtad y apoyo incondicional a la familia sí son valores sagrados, que se mantienen vivos en el corazón de las personas con integridad, y que no requieren de estatuillas o templos.

Por lo general la mayoría heredamos las costumbres de los nuestros. La creación de nuevas costumbres positivas debe ser señal inequívoca de avanzar en la vida.

(Este año tocó rebanada de asado alemán con queso chanco encima)

domingo, 22 de enero de 2017

Aburguesamiento: el cáncer de los barrios residenciales

"El aburguesamiento (en francés, embourgeoisement, y en inglés, gentrification) es un proceso de restauración de zonas urbanas empobrecidas llevado a cabo por parte de la clase media en las ciudades. El proceso tiene como resultado el desplazamiento de aquellas personas residentes en la zona que disponen de menos ingresos."(fuente

No recuerdo la época precisa en que el vecindario comenzó a cambiar.

Mi familia y yo llegamos a nuestra casa hace 30 años. Durante un año vivimos co-arrendando una casona con unos tíos en el cerro Yungay, después del terremoto del '85. Volver a tener un hogar para nosotros fue emocionante, sobretodo porque esta vez teníamos mucha luz natural, vista al mar, aire fresco, tranquilidad y además estábamos a pasos del centro cívico, cerca de todo.

La vida de barrio era el típico cliché de la clase media: panadería, almacén, peluquería, librería y hasta escuelas. Las vecinas que se juntaban a conversar en los pasajes, las calles vacías a la hora de la teleserie, etc. Las noches también eran muy tranquilas a excepción por algún residente que volvía "feliz" de algún bar en el puerto. No estábamos exentos de asaltos o vandalismo menor, los que eran resueltos por la comisaría cercana con la colaboración de la junta de vecinos.

Con respecto a este último punto recuerdo el caso de un individuo que grafiteaba paredes y hasta los mismos suelos con la frase "el efecto peña", acompañado de una silueta humana, cobijándose cobardemente durante las horas de la madrugada. Gracias al accionar de los vecinos esta persona fue detenida y hasta cumplió una condena. Nunca más supimos de sus garabatos por acá.

De a poco fui dándome cuenta de que, sin ser millonarios ni mucho menos, vivíamos en un lugar privilegiado dentro de una ciudad azotada por la delincuencia, la pobreza, la basura, la suciedad visual. Papá tuvo un excelente ojo al elegir esta casa por sobre otras que cotizó en su momento. Los pocos amigos que han venido a mi morada siempre elogian nuestra vivienda, su ubicación y lo acogedora que es.

Una vez que andaba de paseo con mi familia por Viña del Mar me llamó la atención la cantidad de locales comerciales en la estrecha calle de 5 Norte, todos colindando con edificios residenciales de alto nivel y fue inevitable reflexionar "¿esta gente podrá conciliar el sueño con tanta gente que transita por acá, incluso en la noche? Qué mal..." Ni sabía lo que estaba por venir.

Fuimos testigos del cierre paulatino de los locales comerciales del barrio, como las peluquerías, la librería. Pero cuando cerró la panadería que conocí desde que llegamos al sector quedamos estupefactos. Al parecer el negocio ya no era tan rentable con la competencia de los supermercados y las panaderías del plan. El almacén principal, cuyos dueños vivían ahí mismo, amplió sus espacios para ser mayoritariamente una surtida botillería.

Dichos locales estuvieron desocupados durante algunos meses. Pronto se convirtieron en restaurantes internacionales, bares, hoteles, heladerías que atrajeron no a la población local, sino a los turistas deseosos de ver el lado "bonito" y seguro de Valparaíso. Obvio, quienes vivimos acá siempre lo mantuvimos así para los propios vecinos, no para la gente de afuera.

Pasamos de tener al ocasional estudiante de primer año de arquitectura a un molesto y constante flujo de turistas nacionales y extranjeros. Muchos de mis vecinos de años simplemente vendieron sus casas y se fueron del barrio. Naturalmente esta cantidad de personas atrajo a vendedores y músicos ambulantes, aumentando la contaminación visual y sonora. Para qué hablar de los "cuidadores de autos" de ocasión, que hasta han tratado de cobrarnos ¡por estacionarnos en nuestro propio lugar!

Los fines de semana hace mucho rato que dejaron de ser tranquilos. Resulta frustrante ver a los santiaguinos suburbanos aplaudir el grafiti y a los músicos ambulantes metiendo bulla tocando las únicas dos canciones que se saben. Acordeones eternos, tambores eternos, guitarreos eternos. Muchas veces no podemos escuchar nuestros propios pensamientos. Lo peor es que cuando viene carabineros la misma gente (que por la noche disfruta tranquilidad en su condominio cerrado y vigilado por guardias) solidariza con los ambulantes, que vienen a lucrar a costa de la calidad de vida de los residentes que aún quedamos en el barrio. Hasta los motoqueros se sienten con el derecho de estacionar sus vehículos en un pasaje claramente marcado como peatonal.

Hay quienes señalan que estos negocios crean empleos. Veamos la calidad de estos empleos primero: meseros, baristas, cajeros, dependientes... Todos a sueldo mínimo o propinas. Recuerdo una vez que venía subiendo por el ascensor Reina Victoria y escuché la conversación de un mesero del restaurant FAUNA (tan sobrevalorado por el "red-set") con un amigo, y le comentaba que venía algo atrasado para su turno, y que la administración le descontaba el 50% de sus propinas si llegaba 5 minutos tarde. Éso sí que es ser negrero y miserable, y en realidad no me extraña de la moral de sus dueños.

La única solución para nosotros también sería emigar de acá. Lamentablemente eso no es financieramente posible para nosotros. Sólo nos queda luchar y resistir, aunque sea con eternas cartas a la municipalidad y la autoridad policial. Porque si no nos dejan tranquilos, tampoco los dejaremos tranquilos a ellos.

De tubos a leds

Recuerdo que cuando era pequeño había dos televisores en casa. El de color estaba en la sala y uno blanco y negro en el dormitorio que compartía con mis hermanos. Era muy extraño que yo viera televisión puesto que nada de lo que veía mi familia era de mi gusto. Siendo el menor de la casa era lógico que no tuviera voz ni voto sobre la programación de los 4 canales disponibles en aquella época.

Cuando enfermaba y tenía que pasar todo el día en cama mi papá ponía el televisor a color en su dormitorio (donde pasaba mi convalescencia) y disfrutaba de la programación nacional a mi antojo, aunque fuera por sólo un par de días. En aquella época iba al colegio durante la tarde, de modo que ver los bloques infantiles que pasaban a esa hora era toda una novedad. Al menos, al llegar de la escuela siempre estaba "Pipiripao" a la hora del té, de modo que podía disfrutar de un rato de dibujos animados antes de hacer mis tareas e irme a la cama.

Con el tiempo la sala y cada dormitorio incorporaron un aparato de televisión, y ya cada quien podía ver lo que quisiera dentro de la parrilla de 6 canales nacionales recibidos a través de la misma antena del televisor (la ventaja de vivir en un cerro en Valparaíso). Aunque al llegar a casa de la jornada de la tarde pues no me daba muchas opciones más que la guerra de las teleseries, las noticias y el estelar de cada noche.

Más adelante escucharía hablar a mis compañeros sobre "la televisión por cable", un servicio contratado, tal como el agua y la electricidad, que permitía ver un centenar de canales extranjeros, cada uno con su programación específica. Lo que más me llamaba la atención era que había canales que pasaban dibujos animados TODO el día. Asombroso, un canal sin noticias, sin telecebollas, sin partidos de fútbol ni programación cursi. Además estaban los canales con documentales, de cocina, en idiomas extranjeros. Todo sonaba muy interesante. Pero como casi todo lo bueno, era un lujo que sólo las familias más pudientes podían darse.

En mi último año de escolaridad mi padre me regaló mi primer computador, con el cual aprendí muchas habilidades y además me inicié en el mundo de los videojuegos. El mundillo televisivo dejó de atraerme como medio de distracción, salvo excepciones. En realidad estaba más interesado en tener Internet que TV cable, el cual que llegué a tener por conexión telefónica, que hacía subir mucho el Servicio Local Medido, para horror de mi papá cuando llegaba la cuenta del teléfono.

Años más tarde finalmente tuvimos el llamado "triple-pack". Todo se veía muy interesante, y el reto era saber en qué canal iban a dar algo realmente más atractivo como para dejar de ver otro canal cuya programación era casi igual de interesante. Ver dibujos animados, especialmente Anime, por las las noches era una delicia.

Con el tiempo descubrí que todos esos 100 canales pasaban una cantidad abrumadora de infomerciales con productos ridículos. Que los documentales se convertían reality shows. Y que los dibujos animados eran reemplazados por series sobre insoportables adolescentes. Para qué refererirme a la televisión local: la farándula, el mal gusto y la incultura son los intermedios de la publicidad del corrupto y codicioso industrial nacional.

Por esta razón volví a los medios que ofrece Internet. YouTube y el software P2P, entre otros, se volvieron en mi fuente de entretenimiento. Claro que encontrar capítulos de una serie era algo tedioso, y el mercado negro lo sabía perfectamente.

Con el advenimiento de la banda ancha ya cualquier tipo de contenido se volvió más fácil de encontrar y descargar o reproducir en la misma web, con el riesgo, claro, de contraer algún tipo de virus informático o malware. La decadente industria mediática iniciaba su "cacería de brujas", gritando ¡PIRATA! a cualquiera que no se conformara con lo que ellos llevaban a la mesa y buscara entretenimiento por otras vías. Por supuesto, no es más que un reflejo de su propio mal manejo de contenidos y la manera obsoleta de distribuirlos.

Y llegó la era Netflix, una extensa biblioteca de series y películas disponibles en todo momento, sin insufribles comerciales, legal, por una cuota mensual bastante asequible. El mejor descubrimiento para alguien que disfruta ver estas producciones, sobretodo en la comodidad de casa, frente al computador o un dispositivo móvil, y a cualquier hora.

Por supuesto, no todo podía ser tan perfecto. La cantidad de contenidos, si bien es extensa, permanece limitada por la disponibilidad temporal de series y películas, supuestamente por un tema de "derechos", un concepto obsoleto para este siglo, y para cualquier tipo de avance como sociedad digital.

No sé que nos espera dentro de unos años: los contenidos holográficos, la transmisión neuronal, quién sabe, ya nada me sorprende en realidad, sólo trato de adaptarme al presente según mi propia corriente de pensamiento, muy libertaria por demás. Sólo espero que el avance tecnológico sea positivo y accesible para todos.

domingo, 25 de diciembre de 2016

El mejor día del año

Muchas personas tienen una devoción prácticamente religiosa hacia los viernes. Asalariados que cumplen sus labores de lunes a viernes y que esperan el descanso temporal a nuestro eterno estado de esclavitud disfrazada de una libertad consumerista. Se entiende, no todos tenemos el privilegio de trabajar en algo que de verdad nos guste y apasione, la gran mayoría sólo lo hacemos por el dinero, que termina pagando nuestra subsistencia.

Similarmente, durante todo el año espero Nochebuena y Navidad, días mágicos que traen hermosos recuerdos de mi infancia. Tener a toda la familia reunida, la exquisita comida, el intercambio de obsequios, los especiales televisivos de Navidad, las golosinas, los juegos, las luces festivas. La lista completa de mis cosas favoritas, todas juntas en un par de días.

Cuando la gente habla de "salir de la rutina" es a esto a lo que me refiero.

Hace 15-20 años mi barrio era mayoritariamente residencial. El comercio era poco y dedicado principalmente a suplir las necesidades de la comunidad, como una peluquería, una panadería, un par de almacenes y botillerías. De modo que la vida era tranquila, muy familiar, una paz que sólo se quebraba por las risas de niños jugando en los pasajes o la calle. Y en Nochebuena la quietud era particularmete de cuento de hadas, pues todos estaban en casa compartiendo con su familia.

A medianoche era normal ver a niños pequeños junto a un familiar mayor pasear aleatoriamente por el barrio, una estrategia para sacarlos de la casa mientras "Santa Claus" ponía los regalos bajo el árbol. A mí me hacían subir a mi dormitorio a esperar al Viejo Pascuero, mientras rápidamente sacaban los regalos de su escondite y los colocaban en la sala de estar. Ya con la llegada de mis sobrinos me tocó continuar con este ritual, mientras los demás hacían la "magia" de la Navidad. De hecho no recuerdo haber participado de la colocación de los regalos en mi vida.

Con el aburguesamiento mi barrio se ha transformado en un centro comercial a cielo abierto para turistas y visitantes, donde destacan restaurantes con precios inflados, hoteles "boutique", tiendas fifí vendiendo repostería industrializada a precio hipster/artesanal, sin contar a ambulantes oportunistas que tratan de vender piedras, fierritos y trapos, entre otras chucherías, como souvenirs autóctonos a los incautos extranjeros guiados por estrepitosos guías locales.

Si bien toda la semana el bullicio foráneo generado precisamente a causa de este aburguesamiento es incesante, y aún peor en los fines de semana, durante Nochebuena fue reducido al mínimo con los negocios cerrados y el flujo de gente reducido exclusivamente a los residentes. Me sentí cronotransportado a tiempos más felices y apacibles, cuando antes de la cena de Nochebuena (y después de los especiales televisivos de Navidad) me quedaba en el patio, contemplando el cielo despejado de verano, buscando la mítica Estrella de Belén.

Aunque pasear por mis calles y ver que la gente aún decora la fachada de sus casas y pone el árbol de Navidad junto a una ventana para que los peatones lo admiremos, sigo resintiendo la "involución" del otrora tranquilo sector que ha sido testigo de mi crecimiento por ya 30 años.

Quizás la vida me hizo este regalo de tener una noche tranquila en mi cerro, para variar. La próxima toca en Viernes Santo, cuando la culpa católica motiva a la población a "no pecar" y quedarse en casa. Para mí el resto del año es sólo hacer tiempo hasta la próxima Nochebuena, cuando el día tiene un aroma y color distinto, y la magia de ver sonreír a toda la familia vale cada peso invertido. Feliz y mejor año para todos.

martes, 13 de diciembre de 2016

Nostalgia de navidades pasadas

Una foto publicada por Daniel (@playmo.danychan) el

Este calor reciente y la época del año me hace recordar mis comienzos de verano cuando era pequeño. Tiempos simples y maravillosos cuando todo era más tranquilo y las cosas sí tenían un efecto válido de causa-efecto. 

A estas alturas ya habría terminado el año escolar, la "convivencia" del último día de clases, con papitas, suflés, bebidas azucaradas, el infaltable queque traído por alguna mamá del curso (que nunca comía por encontrarlo seco y soso). Y, por supuesto, un regalito financiado por las cuotas mensuales. Desde la perspectiva contemporánea por lo general era un juguete baratito de corta vida útil, pero aún así era la antesala de la Navidad. También había un regalo extra para los tres primeros lugares de cada curso y, sin el ánimo de fanfarronear, puedo decir que recibí dicho obsequio adicional en cada año de mi escolaridad. 

Es en este aspecto que hago hincapié en la verdadera relación de "causa-efecto". El trabajo y esfuerzo conducían inevitablemente a una validación de los mismos mediante una recompensa. Hoy en día, en el mundo real, puedes partirte la espalda o quemarte las pestañas trabajando, y en vez de obtener algún tipo de gratificación lo que te toca como "premio" es un aumento en la carga laboral, y eso sólo si tienes un empleo. 

Mediados de diciembre también significaba la preparación para los eventos familiares que más anhelaba en el año, Navidad, por los regalos, y Año Nuevo, por los majestuosos fuegos artificiales. Mi abuelita me llevaba a comprar al barrio Puerto, le gustaba cooperar en ambas cenas. Solía comprar pascueros y monedas de chocolate, caramelos, malvas Calaf, tanto para la casa como para sus hijos y nietos que no tenían el privilegio de vivir con ella como nosotros. 

Durante ese período también veía televisión por las mañanas y las tardes las pasaba en el antejardín jugando con agua, barro y juguetes. Por las noches escuchaba música en una radio portátil con audífonos y leía un libro. La programación de la televisión nacional no me llamó nunca la atención, salvo excepciones. Debo destacar que el gran acierto veraniego para un canal de televisión abierta era transmitir "Robotech", no me la perdía por nada, era mi teleserie favorita. 

Para el día de Nochebuena por lo general lo pasaba en casa viendo todos los especiales navideños o, dependiendo del año, me mandaban a comprar algún insumo de último minuto, y esto último era algo que no me producía placer alguno. Las calles atestadas de gente haciendo sus compras de último minuto, el calor abrasante, la desesperación de todo mundo por llegar a su hogar. 

Ya en casa el resto del día era hacer la hora para la cena de nochebuena. Por lo general siempre pedía una sola cosa, y nada que estuviera disparatadamente fuera del presupuesto del "Viejito Pascuero", de modo que casi siempre recibía lo que quería, junto con hermosos regalos sorpresa provenientes de toda la familia. Nada de marcas o el artilugio de moda, tampoco los esperaba, todo obsequio era maravilloso. 

Por eso siempre agradeceré a todos y cada uno quien hizo de esas navidades las fechas más felices de mi infancia. El cariño y dedicación de parte de mi familia por dibujarme la alegría en el rostro. Ya de adulto conozco el esfuerzo que representa oragnizar un evento así, y hoy en día aprecio cada detalle que preparan, incluso en tiempos difíciles.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Apología de los regalos "comodines"

Aunque a algunos les pese, se aproxima la Navidad, y con ello el frenesí consumista que mueve un modelo económico decadente y obsoleto. Pero para qué nos vamos a poner hipócritas ahora, a todos nos gusta recibir regalos, nos encanta cenar algo delicioso en Nochebuena, y el día feriado siempre es bien recibido por todo asalariado.

Dentro de las tradiciones se encuentra hacer regalos entre círculos sociales conformados por personas que conocemos y compartimos a diario pero con quienes no somos muy allegados, una instancia llamada "jugar al amigo secreto". Sí, si nos detenemos a pensar, suena una tremenda estupidez gastar tiempo y dinero en personas que no son nuestros amigos, pero bueno, nunca dejan de sorprenderme las absurdas costumbres del ser humano, y sí, soy misántropo, vivan los eventos de extinción masiva, ¡yay!

Pero concentrémonos en los obsequios en sí. Si ya es un poco difícil regalar a alguien que conocemos y queremos buscar un presente para alguien con quien sólo socializamos en instancias laborales (a veces a la fuerza) resulta una tarea fastidiosa. Por suerte el comercio ofrece una gran variedad de regalos "comodines", los cuales tienen una alta probabilidad de tener una buena recepción.

Se incluyen chocolates, galletas en lata, tazones simpáticos, menaje temático, objetos novedosos de librería, artículos de tocador, etc. En algún momento he recurrido a este tipo de regalos no sólo para conocidos sino también para gente que quiero, principalmente por la conveniencia económica de estos presentes.

Existe gente que desprecia este tipo de regalos, según ellos "no son obsequios que nazcan del corazón", que "no apuntan al tipo de persona que soy", que "representan la facilidad de regalar cualquier cosa sin hacer mayor esfuerzo mental", entre otras trilladas afirmaciones con respecto al tema.

Bueno, primero que todo, ese tipo de personas malagradecidas deberían darse con una piedra en el pecho, alguien les está haciendo un regalo, alguien dedicó su valioso tiempo libre a buscar y comprarles un presente, alguien sacrificó con gusto (o no, quizás) parte de su dinero que podría haber gastado en golosinas, sushi, licor, la mensualidad de Netflix, etc. Cuán verdadero es el mensaje "la intención es lo que cuenta".

Recuerdo que un conocido alguna vez se quejó en una conversación grupal sobre este asunto: "Ay, detesto que me regalen vinos o chocolates, no sé, lo encuentro tan poco atinado".

- ¿Y qué te gustaría que te regalaran? -preguntó alguien.
-  No sé, algo que sí vaya con mi estilo.
- ¿Pero qué?
- No sé, pues, no es mi problema pensar un regalo para mí, es de la otra persona.

Qué ganas de haberle dado con un martillo en la cabeza, pero bueno, si mal no recuerdo es la misma persona que alguna vez pidiera la receta de una macedonia de plátano con naranja al ver una foto de tal humilde postre publicada en redes sociales. (Mención aparte, qué bueno que ese tipo de personas va desapareciendo de la vida de uno sin siquiera hacer un mínimo de esfuerzo).

También, ¿a qué clase de ser humano de sangre caliente no le gusta el chocolate? ¿Qué clase de golem sin corazón no aprecia un vino? Está bien, lo admito, en algún momento detestaba que me regalaran vinos porque no suelo beber alcohol a menos que sea en un bar (un evento que sucede 2 o 3 veces al año) o para alguna ocasión especial. Ahora los recibiría con mucho agrado, porque planearía alguna pequeña instancia gastronómica alrededor del mismo.

Aunque si lo reflexionamos el concepto de regalos comodines puede variar de persona a persona. Una golosina puede ser un presente de ese tipo. Para otra persona puede ser un par de calcetines, para los que inevitablemente uno frunce el ceño pero termina por apreciar al final ante un cajón lleno de ese tipo de prendas en evidente estado de biodegradación.

Quien me conoce al menos un poco sabrá que los juguetes Playmobil son mi mayor pasión y que un presente de esta marca juguetera alemana me lleva al borde del éxtasis. No obstante tengo muy claro que mis amados coleccionables son 1) costosos y 2) muy difíciles de encontrar en el comercio tradicional. Hasta a mí me cuesta encontrar algo que me guste y a un precio no tan disparatado en Internet.

En fin, tráiganme los tazones, las calcetas, las golosinas, los peluches, los estuches de colonias y desodorantes, porque no soy un ser pretencioso cuyo ego sólo aspira a recibir libros sobre fotografía, vinilos de super-mega colección o ediciones limitadas de espumante húngaro. Sólo hemos de recordar, a modo de evolucionarn como especie social: No hay peor frustración que recibir vestuario de regalo en una talla o estilo que no es el tuyo.

lunes, 22 de febrero de 2016

Playmobil Dollhouse 5951, a quick review

A couple of weeks ago I was searching for Playmobil items in our local buy/sell website. There was a seller who directly imports almost any current set... For a high price, of course. Even regular "Special" boxes are sold for more than US$20 EACH. Most of that cost is associated to the import and customs fares, so it's far more convenient to bring a large box, such as the Dollhouse 5951.


Once I discovered this set some time ago I immediately wanted it in my collection. Although this "foldable" house features only two rooms, its versatility makes it a valuable item in terms of accessories, figures, and furniture. The kitchenette is a remarkable piece exclusive to this set (and set 6020).

There are two characteristics in this house that called my attention. First, its colours are neutral, which is truly appreciated, especially in collectors' photography. We have to admit it, pink and magenta are not colours we see in everyday houses.

And second, while it is a portable house, and all its contents can easily fit inside, there is no handle, which would look kind of awkward in dioramas. I know, I know, this a toy meant for children, meant to be played with, but hey, we are all here for the same reasons.

The house facade is very realistic despite not having movable pieces, a nice improvement from the flat painted facades of other portable dollhouses, and the exterior lamps are a lovely detail too.



The quantity of accesories is just enough to be a simple set without being boring. The sofa and couch can be converted into beds. There is dinnerware for 2 figures, although there are cups and cutlery for 4. Unlike other sets, this house is on a scale closer to figures, and it's far easier to assemble, something that parents will appreciate when giving this set to children desperate to start playing right away.

This box is absolutely fantastic, yet there is room for some improvement. For instance, it would have been great if the fridge door opened (it's just one piece with a sticker on it, and hollow on the back), as it would be an excellent container for small pieces.



It's quite remarkable that the living room is decorated with a thin piece of cardboard depicting a colourful interior with lavish windows and a natural landscape, secured in place by a plastic piece representing a wall lamp, simply brilliant! However, there is no cardboard piece for the kitchen area, which is kind of dissapointing, as the wall does have an overhanging connector fit for another wall lamp. I will probably figure out a home-made solution for this, like my custom curtains for the Fao Schwarz Victorian Dollhouse 5955.


The Playmobil Dollhouse 5951 is a wonderful, versatile set, appropiate for small dioramas and scenes, quite adaptable with plenty of room for customization. I can see myself setting entire soap operas using only this house and a few pieces of extra furniture.

miércoles, 6 de enero de 2016

Micro cuento de verano

En un día de mucho calor como hoy te subes a la micro, caldeada como el mismísimo infierno, milagrosamente encuentras un asiento justo al lado de una ventanilla que, al igual que nuestra disfuncional nación, está descompuesta . Tu instinto es abrirla lo antes posible, de modo que te incorporas y descubres que está trabada, muy trabada, trabadísima. De tu desesperación térmica sacas fuerzas sobrehumanas y logras abrirla. 

Con una sonrisa de satisfacción vuelves a tu asiento, sintiendo la débil brisa que refresca tu frente, haciéndote la idea de que tu viaje tendrá al menos un atisbo de alivio. No pasan ni tres segundos y escuchas la voz de una señora de mediana edad, sentada justo atrás de ti, que te dice con una voz rogona "Joven, puede cerrar la ventana por favor, es que entra mucho frío..." La miras, sientes que te tirita un párpado... ¡HACE MIL GRADOS CENTÍGRADOS ALLÁ AFUERA Y LA VIEJA DE MIERDA TIENE FRÍO! 

De pronto pasa por tu mente que tu nombre se convierte en trending topic por un violento y sangriento femicidio, pero luego recuerdas que la agitación física por dicho crimen provocaría más calor en tu organismo, de modo que la miras con una sonrisa burlona a la vez que frunces el ceño y respondes un rotundo "NO". Vuelves a sentarte, girando, mientras que por la comisura del ojo ves a la mujer estupefacta. 

Con la vista al frente, y el orgullo de no haber sido otro chileno más que cae en la persuación de la culpa católica, te pones los audífonos y disfrutas de tu música que dista mucho del tercermundista reguetón, ranchera o bachata que suena en la radio del transporte público. 

(Un micro cuento psicópata de verano)

viernes, 1 de enero de 2016

Lecciones del 2015

Aprendí que no siempre hacer lo correcto traerá buenos resultados, pero te deja la conciencia limpia.

Aprendí que más vale tener un apellido íntegro y hacer las cosas por sí mismo que depender por siempre de favores de los demás.

Aprendí que las apariencias engañan, sobretodo al tratarse de atractivo físico.

Aprendí que incluso la persona en que más confías es capaz de traicionarte de un día para otro por motivos absolutamente egoístas, no importa cuánto bien le hayas hecho durante todo el tiempo que le conociste.

Aprendí a tener el valor de decir NO y NO QUIERO, sobretodo frente a favores que perfectamente pueden realizar los solicitantes por sí mismos, porque agradarle a los demás sólo por ser amable es extenuante.

Aprendí que el tiempo sí sana las heridas.

Aprendí que el karma pasa la cuenta y hace justicia mucho más rápido de lo que creemos.

Aprendí que amigos y parejas pueden ir y venir, pero que la familia es para siempre.

Aprendí que el gris tiene mucho más de 50 tonos.

Aprendí a no temerle a desconocidas alternativas laborales.

Aprendí a que fuera mi trabajo el que hablara por mí, y no las superfluas opiniones de los demás.

Y por sobre todas las lecciones, aprendí a disfrutar la soledad, a desarrollarme y crecer por y para mí. A regocijarme en mis simples placeres específicos sin rendirle cuentas o explicaciones a nadie. Porque quienes disfrutan de su propia companía ven a una pareja como un complemento de aquella felicidad, un anexo, pero no como una parte primordial para sentirse completos, y compadezco a quienes aún no se han dado cuenta de ello, o quizá sí, pero utilizan a su pareja tan sólo como fuente de beneficio personal.

El gran resumen de 2015 es lo siguiente: Lo que ayer me estresaba o acongojaba hoy es causa de alivio y jolgorio. Bienvenido 2016.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Civilization: Beyond Earth Rising Tide, apreciaciones personales



Finalmente, casi después de un año de su lanzamiento, Civilization: Beyond Earth estrenó su primera expansión, "Rising Tide", que incopora el elemento acuático al juego, más una serie de mejoras funcionales y cosméticas.

Recuerdo que escribí mis apreciaciones personales sobre el juego base y las expectativas de mejoras que podrían implementarse para hacer de este título un clásico imperdible dentro del género de estrategia por turnos; y ahora, releyéndolas, me doy cuenta de que si bien hubo mejoras sorpresas alguno que otro detalle quedó en el tintero.

Lo más evidente fueron las mejoras estéticas, donde lo genérico dio lugar a lo específico, como por ejemplo en el árbol tecnológico (con diferenciación por colores de unidades, edificios, maravillas, habilidades y afiniddes); el mapa (donde el océano adquiere textura y profundidad); y el cambio de imágenes estáticas en las victorias por cinemáticas, aunque un poco básicas para mi gusto, absolutamente mejorables por un equipo talentoso, con tiempo y bien pagado.

Otro de los cambios evidentes fue la diplomacia y el "capital político" como nuevo recurso, útil para lograr acuerdos en beneficio de la colonia o incluso la compra de edificios o unidades, junto con la adición de interesantes nuevas facciones.


Vale la pena destacar las "quests", o mini misiones que aportan ventajas a la mecánica global del juego. En el juego base consistía en decidir entre dos opciones una vez finalizada la construcción de un nuevo edificio, la cual aportaba uno u otro beneficio excluyente a largo plazo. En Rising Tide dichas quests adquieren mayor profundidad, las cuales dependen no sólo de decisiones sino también de acciones por parte del jugador, cuya finalidad es obtener una ventaja de largo plazo.

Por último, las unidades pueden recoger cápsulas (enviadas antes de la colonización) que contienen valiosos tesoros de la Tierra, como herramientas, lujos y equipamiento. La limpieza de los nidos de criaturas nativas puede otorgar artefactos biológicos para la investigación científica. Por último, los exploradores pueden excavar ruinas extraterrestres donde podrán descubrir invaluable tecnología alienígena. La investigación de cada artefacto proporciona un pequeño bono. No obstante, la combinación de tres artefactos, cualquiera sea su tipo, abre la opción para un descubrimiento importante, como un nuevo tipo de edificio, maravilla, o una ventaja táctica exclusiva, que no están disponibles en el árbol tecnológico convencional.

En síntesis, Rising Tide incluye 4 nuevas facciones, una gráfica y mecánica marítima revisada, diplomacia novedosa, "quests" con una mayor profundidad en su argumento y la investigación de arfetfactos.

Si bien todas estas mejoras resultan atractivas aún hay elementos que sigo extrañando, como por ejemplo videos para cada maravilla, o una cinemática decente para cada tipo de victoria afín al intro de esta expansión, más algún tipo de automatización para el micromanejo productivo de las ciudades. Veremos si en una próxima expansión se agrega alguna de estas anheladas características.


martes, 3 de noviembre de 2015

Servicio de utilidad pública

Para los amigos y conocidos de Felipe Varas Ubilla les informo de su negativa a pagarme el resto de su deuda monetaria, acordada en buenos términos hace algunos meses, y que desconoce en este momento. Sólo les comento, por su propio bien, para que no hagan negocio alguno con él, ya que además de carecer valores universales también se ha convertido en un estafador.

lunes, 12 de octubre de 2015

De cuello blanco a cuello azul

Desde los tiempos de la universidad siempre me desempeñé laboralmente en actividades administrativas e intelectuales, por lo general frente a un computador sentado en el epítome del sedentarismo. Papeleo, educación, soporte y redacción de contenidos han sido el menú por años en mis dos trabajos anteriores.

Una de las características de ambos fue el grado de confianza y responsabilidad depositados en mí. Manejaba datos confidenciales y muy delicados de los cuales dependía la sustentabilidad de las empresas. De hecho en la primera compañía donde trabajé tuve llave de la oficina y clave de alarma casi desde el primer día.

La única exigencia fue firmar un contrato de confidencialidad de datos y vestir camisa y pantalón de vestir, ni siquiera corbata. El profesionalismo y la confianza se daban por sentado entre adultos.

Por circunstancias de la vida llegué a parar a un empleo de cuello azul en una empresa grande, de aquellas donde uno es sólo un número, un tornillo más del motor. La paradoja es que al firmar contrato te entregan un libro de bolsillo con el reglamento interno sobre orden, limpieza y presentación personal. Junto con los celos sobre horarios de entrada, almuerzos y salidas, más la revisión de mis pertenencias al término de mi turno, suponen un insulto a mi inteligencia, integridad y recomendaciones impecables.

Ese reglamento es apropiado para un liceo de enseñanza media, no para un adulto responsable, con criterio formado y sentido común. Sí, las personas somos diferentes, y más de alguno necesitará esa "luz" que no le dieron en casa o la escuela. Conocí realidades donde miembros de una disque "familia católica y con valores" hurtaba especies de sus lugares de trabajo para reducirlas por Internet o consumirlas en su domicilio, como si fuera lo más natural del mundo, pero manejar sin un rosario colgando del espejo retrovisor bien a la vista (qué chabacano) era buscarse el infierno seguro. Yo también he tenido algún tipo de carencia material, y también sentido frustración frente a las injusticias de un mundo imperfecto a causa de seres humanos desalmados, pero aún así nunca he robado bajo justificación alguna, como sí lo han hecho algunos políticos sin estima por la higiene personal.

Sólo puedo decir que ojalá la empresa no busque lealtad o que "me ponga la camiseta por ellos", como señala el hilarante y trillado cliché de gerentes irresponsables. Mientras no haya reciprocidad pues yo me levanto sólo para ganarme las lucas en este momento, y si sale algo mejor, pues, que le digan adiós a mi cuerpo.

En fin, este año ha sido de lecciones, de cambios, de aprender cosas nuevas y conocer gente, de avanzar y crecer, porque sólo al ser obstinado e insistente se puede vencer la adversidad.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Veinte años en un cuaderno

No, no es un sólo cuaderno, quizás sean unos 14 o 15. Desde 1995 que mantengo un registro histórico de eventos y emociones, antes de que existieran blogs y redes sociales para el tercer mundo. Tantas conversaciones verídicas para un alter ego real e imaginario a la vez.

Cuando no había valor ni la confianza para verter el corazón con alguien recurría a sus hojas. Escribía prácticamente a diario durante mi adolescencia, y a medida que fui madurando y confiando en las personas sólo escribía lo más importante. También cuando he estado triste o feliz ha sido una herramienta vital para desahogarme.

Muchas veces creí que cuando encontrara a mi media naranja dejaría de escribir, puesto que imaginaba que esa persona sería suficiente para compartir mis vivencias y sentimientos. Después de ya dos experiencias me doy cuenta de que nadie podrá ocupar ese lugar, un lugar muy íntimo, seguro y que jamás será desleal.

Me ayuda a mantener la perspectiva con respecto a mi pasado, a registrar errores y contar con las herramientas para no repetirlos, porque hechos y emociones se mezclan para crear sabiduría y confianza. A pesar de la naturaleza caótica del ser humano hay patrones que se repiten. Como me dijo un amigo muy querido, "un leopardo no cambia sus manchas", una lección que me demoré cinco años en aprender.

Hace un año tenía tres preocupaciones que tenían mi salud mental al borde del colapso. Hoy esas preocupaciones ya no existen. Sí, quizás tengo otras en este momento, pero estoy mucho más tranquilo y optimista. Tengo la misma sensación de un pintor frente a un lienzo en blanco y todos los colores del espectro.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Quiero un atardecer



Quiero un atardecer contigo a la orilla del mar.

Quiero un atardecer escuchando las olas rompiendo en la orilla de la playa.

Quiero un atardecer sintiendo el calor del sol y la frescura de la brisa marina.

Quiero un atardecer tan sólo adornado por tu sonrisa y la suavidad de tu mano.

Pero por sobretodo, quiero un atardecer con tu teléfono apagado... 

Para que no llame tu madre con complejo de sistema solar pidiendo que le barras el patio o le bajes el paquete de harina de la despensa. 

Para que no llame tu hermana pidiendo a última hora que le cuides a sus hijos porque le salió una invitación de la amiga del colegio en la noche. 

Para que no llame el amigo aleatorio preguntando "¿Qué haces?" y terminen hablando media hora poniéndose de acuerdo para juntarse a beber cerveza barata justo el día y hora que teníamos una cita. 

Para que no llame tu otra hermana pidiendo que le compres un número de la lotería cinco minutos antes de que se cierran las apuestas. 

Para que no llame la novata con la que trabajas preguntando sobre cómo se redacta un email. 

Para que no suene el mensaje grupal de WhatsApp con el vigésimo torpe y aburrido meme sacado de Facebook, ni la quincuagésima séptima foto del día del último infante nacido en tu familia.

...

Quiero un atardecer, con la presencia de tu compañía y la ausencia de tu teléfono...

(Pero creo que eso, últimamente, es pedir demasiado)

sábado, 11 de abril de 2015

Dar vuelta la página

Al enfrentar la pérdida de una persona que creías importante en tu vida siempre todo se vuelve de cabeza. Una crisis así puede llegar incluso a afectar físicamente al individuo: falta de apetito, alteraciones del sueño, erupciones o rebrote de acné en la piel, entre un montón de etcéteras. 

Ya sea si la pérdida sea por un fallecimiento de un ser querido o la ruptura de una relación las cinco fases del duelo son prácticamente las mismas. Hay veces en que las cuatro primeras se intercambian de lugar, pero al final siempre llega la quinta al final: la aceptación.

Cada quien vive tiempos distintos de duelo. Hay quienes les dura días, a otros les podrá durar años. Sin embargo, la incertidumbre de desconocer cuánto nos durará personalmente al experimentar dicha situación puede llegar a ser peor incluso que la propia etapa de la melancolía.

No obstante hay factores que nos pueden ayudar a superar de mejor manera el duelo personal, sea cual sea su tipo. En primer lugar está la familia, quien conoce perfectamente cómo somos, cuáles son nuestros valores y sobretodo el lugar que tenemos en este mundo. También están nuestros amigos, aquellos que han estado en los buenos y malos momentos, quienes te han hecho favores y a la vez les has devuelto la mano, o al revés, da igual, es parte de la amistad. Su apoyo incondicional y su perspectiva parcial e imparcial siempre resulta un valioso aporte en nuestra recuperación.

Aunque hay otros factores no tan positivos que aún así, tomándolos desde un punto de vista justo y práctico, nos ayudan a ponernos de pie. Como por ejemplo, en el caso de las relaciones, si tu pareja anterior te dejó y rehizo su vida con otro individuo en menos de un santiamén da el pie para que no haga lo mismo... No precisamente conseguir a otra pareja, sino más bien considerar en ya no invertir sentimientos, emociones o anhelos en aquel quien se alejó voluntariamente de ti. Esa persona ya no piensa en ti, ya no te considera, ya ni siquiera tendrá el deber de decirte la verdad.

No necesitas sentir rabia, para qué desgastarse por alguien que ya no ha de valer un céntimo ahora, sin importar cuán valioso haya sido en el pasado. Tu posible ira personal ni siquiera le molestará el equivalente del aleteo de un mosquito por la noche. Sus distracciones presentes son más poderosas, de modo que ¿para qué molestarse?

Siempre nos han dicho que lo que no nos mata nos hace más fuerte. No sé hasta qué punto será cierto, he pasado por este tipo de pérdidas en el pasado y he sobrevivido, sin cambiar mi propia esencia. No he perdido la capacidad de amar, creer o confiar, pero admito que cada vez parecieran ser pruebas más difíciles. Pero tal como escuché de una persona muy sabia, "las estaciones cambian, las personas no". Quien siga sus propios valores sin traicionarlos seguirá siendo así, y quien siga siendo desleal, seguirá siendo desleal, lo que representa una advertencia para el resto.

Por suerte de mi experiencia personal puedo sacar dos situaciones positivas. La primera  es haberme quedado con lo bueno de la relación que tuve. Si bien hubo altibajos, también conservo hermosos recuerdos y la satisfacción de haber amado verdadera e incondicionalmente, de manera tal que tengo la conciencia tranquila.

Y segundo, que ya entra en el plano práctico, aprendí que no importa cuán enamorado uno pueda estar, todo tipo de asuntos financieros debe tratarse por separado, cada cuenta llevarse individualmente y contar con algún tipo de protección legal en este aspecto. Un WiiU, un Kia Sportage, entre tantas cosas materiales que disque se compraron "a medias" (aunque el costo mayoritario lo asumí) representan piedras en el zapato todavía pendientes y que dificultan la fase de aceptación. Sí, son cosas, pero que en algún momento tuvieron un significado importante, y por lo tanto deben saldarse para quedar a mano con la vida.

Sí, una valiosa lección que me ha tocado aprenderla prácticamente a palos, pero que por suerte no se repetirá en el futuro. También he aprendido a identificar a personas aprovechadoras, que no caen muy lejos del árbol, sobretodo con una caótica parentela, lo que me permitirá evitar, filtrar y desechar este tipo de individuos sin sentirme culpable en lo absoluto.

Me tocó ser adulto de cristal, y después de casi perder mi propia esencia he vuelto a mi personalidad original, quizá algo ingenuo aún, debido a mi falta de malicia o egoísmo, pero ya más sabio y atento a las condiciones presentadas en un mundo un tanto individualista y superfluo. Quizás haya algunos que no avancen o hasta involucionen a un estado casi patéticamente adolescente, pero ése no es mi problema. Elegí crecer, madurar, ser un mejor hombre, y ya hay alguien que aprecia eso: yo mismo, y si alguien más sabe apreciarlo y valorarlo, pues, bienvenido sea.

(Publicación inspirada por y dedicada a mi amigo Juan, quien ha tenido la generosidad de compartir conmigo su experiencia y sabiduría con este pequeño saltamontes, y quien me ha animado a retomar una actividad tan satisfactoria como es la escritura)