Y después de haber pasado por rostros bonitos, cuerpos atractivos, mentes brillantes y solvencia financiera, los únicos rasgos que resultaron realmente afrodisíacos para el alma fueron la gentileza y los buenos modales. Lo demás pasa, es efímero, queda en el olvido, pero un buen trato deja una huella indeleble, como si fuera un hermoso tatuaje grabado en el espíritu, sobre un breve momento en que dos corazones ardieron en una sola llama viva y enérgica.
domingo, 11 de diciembre de 2022
domingo, 16 de octubre de 2022
Tiempo para mí
Si bien el trabajo que hago no requiere mayor ciencia, conocimiento o talento, sí está condicionado a un alto nivel de estrés proveniente del constante aumento de requerimientos por parte de gerencia y por el contacto cotidiano con clientela que no compra los montos que nos solicita la jefatura, añadiendo además eventuales malas actitudes que poco y nada tienen que ver con uno. Junto con un horario que poco tiempo libre deja al personal, esta combinación de factores por lo general lleva a los trabajadores a solicitar licencias médicas, tanto válidas como fraudulentas, sumando así un nuevo factor de estrés: sobrecargar a quienes se quedan trabajando.
Reconozco que muchas veces me he visto en la tentación de yo mismo solicitar una licencia psicológica o psiquiátrica porque existen muchas situaciones que me tienen al borde del burnout. Mi licencia ciertamente sería válida, no inventada como muchas de las que tengo conocimiento. El tema es que por políticas de la empresa podría terminar trabajando en un local distinto al actual por "necesidades de la empresa". Obvio, si falta personal en un lado y sobra en otro moverán a los trabajadores cuales piezas en un tablero de ajedrez. De todos modos existe la posibilidad de movimiento aún estando trabajando, pero las posibilidades son menores, y de hecho me pasó por circunstancias ajenas a mí. Por suerte la persona que provocó eso le llega constantemente su karma por PENCA, como se dice folclóricamente.
Acabo de tener una semana completa de vacaciones que anhelaba con desesperación. No hice nada en especial más que salir de ompras una vez, y quyedarme en casa viendo series, películas, jugando juegos de computador y disfrutando de mis amados pasatiempos en general, como la fotografía de mis colecciones jugueteras. Traté de no decirle a nadie que tendría vacaciones porque no falta la persona que pretende secuestrar tu tiempo libre con tal de conseguir algo, usualmente un favor o servirle de terapeuta gratuito.
Me encantaría unas vacaciones tradicionales, ir a un lugar diferente, con la menor cantidad de gente posible alrededor. Pero la economía producto de un inepto desgobierno no lo permite en la actualidad. Al menos pude evitar el contacto con la gente habitual que suele drenarme emocionalmente, y admito que la idea de volver a trabajar me revuelve el estómago. Quisiera unas vacaciones más largas, acá en casa, tranquilo, sin saber de amistades ni parentelas para variar un poco.
domingo, 7 de agosto de 2022
Día del niño 2022
A ese niño, que se esforzó tanto por sacar buenas calificaciones, ser obediente con sus padres y respetuoso hacia sus profesores, privarse de las travesuras propias de la niñez y la adolescencia y seguir un camino académico pensando que eso lo llevaría al éxito en la vida adulta... Le pido perdón.
Perdón por no cumplir los sueños que tuvo alguna vez. Por no conseguir un empleo exitoso, por no comprar una casa propia, por no tener un auto que lo lleve a conocer hermosos paisajes, por no tener un cónyuge amoroso y comprensivo con quien formar una familia (aunque sea de papás perrunos) y tener tradiciones propias.
Le pido perdón por acarrear la vergüenza de haberse esforzado tanto para nada. Perdóname, Dani, no pude darte la vida que soñabas y que merecías, y mucho. Espero en la próxima vida poder compensarte por las lágrimas de frustración que ruedan silenciosas por tus mejillas, tratando de que los demás a tu alrededor no las noten.
miércoles, 1 de enero de 2020
¿Volveré a tener una Nochebuena y Noche Vieja?
Los días previos a Navidad trabajando en el comercio son un infierno que sólo los pecadores más reilientes están dispuestos a enfrentar, incluso los más veteranos del rubro esperan con ansias el término de la temporada.
La incultura del chileno promedio (y en realidad del latino promedio) es dejar todo trámite o tarea para última hora, incluyendo la compra de regalos. Algo que perfectamente podría conseguirse con un poco de disciplina y previsión termina siendo un caos desesperante tanto para el comprador como el vendedor. Uno ve hordas de personas indecisas buscando algo que no saben, a un precio de feria de las pulgas, para alguien a quien les importa un carajo tan sólo por guardar apariencias o mantener compromisos, gastando dinero que no tienen. La presión social de regalar algo es intensa.
Todo eso sumado al calor propio de estas fechas, a la urgencia de cumplr metas, a mantener una buena disposición a pesar del cansancio producto de largas jornadas... Y encima de todo el círculo cercano espera que uno tenga energía para celebrar, compartir, participar de los festejos. Una vez que llego a casa después de trabajar un 24 de diciembre yo sólo quiero aterrizar en mi cama y no escuchar voz humana por lo menos en 12 horas.
Extraño días tranquilos, y anhelo mis vacaciones de verano, que este año me tocan en abril.
sábado, 12 de enero de 2019
Perezosos días de verano
Ya que ahora vivo en Quilpué no tenía intención alguna de viajar todo el día para ir a algún centro de veraneo repleto de escuincles ruidosos con piscinas llenas de urticante orina ajena y extrañando el baño de mi casa cada vez que sintiera un retorcijón en el estómago. Así que sin pensarlo y sin medir consecuencias ofrecí mi casa para llevar a cabo la reunión. Por supuesto, puse la condición de que fuera sólo con gente de la tienda. Cuento corto tuve que acceder a que vinieran con su familia, o al menos parte de ella.
Acordamos realizar nuestra junta de fin de año a principios de enero, y estratégicamente pedí vacaciones desde el día inmediatamente después a ésta. No tenía intenciones de volver a trabajar después de ser anfitrión para tal evento. Por suerte tuve la ayuda de todos, así que no me estresé tanto.
He tenido toda esta semana para mí. Aún no me llega mi quincena así que he tratado de evitar gastos. Además esta casa es un resort comparada con donde vivíamos antes. Una piscina, modesta, pero piscina al fin y al cabo ayuda a que me guste el verano. De hecho no recuerdo cuándo fue la última vez que me gustó el verano... ¿Quizás hasta la época universitaria donde tenía casi 3 meses libres de preocupaciones?
Hasta hace poco tener tiempo libre en el verano era más bien estresante: lidiar con afuerinos y ambulantes justo afuera de mi casa, ver la frustración de mis padres de no obtener descanso en ningún momento de la semana, ser testigo de la inoperancia de la autoridad local, etc. Me escapaba de todo eso porque pasaba casi todo el día en el trabajo y en cierto modo era más soportable atender a personas con cabeza de chorlito que no saben qué shampoo usan a diario (no, no es una exageración) que ver a mi barrio tomado por ambulantes que venden bisutería comprada en AlíExpress a precio de huevos Fabergé para los ingenuos turistas extranjeros (de hecho los "artesanos" del Paseo Dimalow hacen el show de picar piedritas para aparentar que las fabrican ellos mismos, qué fraudes).
Ahora todo es distinto, siento que estoy disfrutando el tiempo libre, y ver a mis padres con el derecho pleno de descansar es impagable. Antes me ahogaba, ahora me deleito con mucho aire fresco y tranquilidad. Aunque lo admito: Extraño la vista al mar. La vida le dio una gran oportunidad a mi familia, y la aprovechamos. Quizás me arrebataron mi Navidad, pero estos días me han hecho recordar mis veranos pasados, y aunque no sean 3 meses al menos han sido grandiosos hasta el momento.
martes, 25 de diciembre de 2018
Navidad secuestrada (otra vez)
La época navideña es una temporada con múltiples caras. Las empresas la ven como LA oportunidad del año para maximizar las ganancias y terminar el período con números positivos, en especial los días previos a Navidad propiamente tal.
Esta Nochebuena no fue la excepción: Una larga y agotadora jornada atendiendo a gente irresponsable que compra los regalos que van a entregar a última hora, promociones improvisadas, condiciones laborales incómodas, entre un largo etcétera. En cierto modo hay que agradecer la legislación que prohíbe la actividad laboral más allá de las 8 de la noche en víspera de Navidad. Hasta hace poco las tiendas no dejaban ir a sus trabajadores sino hasta altas horas de la noche, una práctica absolutamente inmoral, aunque considero aún más amoral que hubiera gente tan desconsiderada y carente de sentido común que pretendiera realizar sus compras a último momento.
Es la tercera Navidad a la que sobrevivo trabajando en retail. En realidad en todos los trabajos que he tenido tengo recuerdos de nunca haberme retirado a casa temprano. Es la única fecha que me gusta celebrar, y la considero sagrada. El resto de los feriados en realidad me importa menos que un comino.
Extraño ver los especiales de Navidad en televisión, la emoción de esperar todo el día la deliciosa cena y el intercambio de regalos por la noche... Este año con suerte pude llegar antes de las 9 de la noche a casa acá en Quilpué... La primera Navidad acá después de 36 años de navidades en Valparaíso. Lo bueno es que sí se notó un cambio radical, ya que pasamos de la bulliciosa y tóxica "bohemia porteña" que infectó nuestro barrio de antaño a la tranquilidad suburbana de este pacífico pueblo. Volvimos a pasar estas fechas en un agradable ambiente familiar libre de irrupciones externas.
Me pregunto si alguna vez volveré a experimentar la magia que se vive en víspera de Navidad.
domingo, 2 de julio de 2017
A letter to someone I was once close with...
viernes, 14 de abril de 2017
Tradiciones de origen espontáneo
No era algo que yo quisiera, ni mucho menos me iba a aprovechar de eso, pero esos pequeños detalles me sorprendían y alegraban el día.
Días antes de Semana Santa, durante el almuerzo, mis padres mencionaron sus planes para el menú durante ese fin de semana, y de broma mencioné que para el día viernes se me antojaba un sandwich de carne con queso y un huevo frito encima, algo contrario a las tradiciones pertinentes a dichos feriados. Mi papá y yo no somos católicos, sólo nos aprovechamos de fechas así en sentido material. Mi mamá sí lo es, aunque sólo apegada a las costumbres, mas no a la nefasta organización en sí.
Llegó ese viernes, había despertado recién, pero me quedé un buen rato en cama, mirando el techo, tratando de pensar maneras de resolver mi vida en aquel entonces. En eso mi papá abre la puerta de mi dormitorio y entra con mi desayuno, a la cama, y era exactamente lo que en broma se me había antojado un par de días atrás: un gran sandwich de carne con queso derretido y un huevo frito. Fue como si el espíritu santo descendiera sobre un plato y se posara justo delante de mi. Jamás olvidaré ese gesto tan noble de mi padre.
Para conmemorar esa ocasión decidí mantener la tradición de un desayuno carnívoro en Viernes Santo, para remembrar que pase lo que pase la lealtad y apoyo incondicional a la familia sí son valores sagrados, que se mantienen vivos en el corazón de las personas con integridad, y que no requieren de estatuillas o templos.
Por lo general la mayoría heredamos las costumbres de los nuestros. La creación de nuevas costumbres positivas debe ser señal inequívoca de avanzar en la vida.
(Este año tocó rebanada de asado alemán con queso chanco encima)
domingo, 22 de enero de 2017
Aburguesamiento: el cáncer de los barrios residenciales
Mi familia y yo llegamos a nuestra casa hace 30 años. Durante un año vivimos co-arrendando una casona con unos tíos en el cerro Yungay, después del terremoto del '85. Volver a tener un hogar para nosotros fue emocionante, sobretodo porque esta vez teníamos mucha luz natural, vista al mar, aire fresco, tranquilidad y además estábamos a pasos del centro cívico, cerca de todo.
La vida de barrio era el típico cliché de la clase media: panadería, almacén, peluquería, librería y hasta escuelas. Las vecinas que se juntaban a conversar en los pasajes, las calles vacías a la hora de la teleserie, etc. Las noches también eran muy tranquilas a excepción por algún residente que volvía "feliz" de algún bar en el puerto. No estábamos exentos de asaltos o vandalismo menor, los que eran resueltos por la comisaría cercana con la colaboración de la junta de vecinos.
Con respecto a este último punto recuerdo el caso de un individuo que grafiteaba paredes y hasta los mismos suelos con la frase "el efecto peña", acompañado de una silueta humana, cobijándose cobardemente durante las horas de la madrugada. Gracias al accionar de los vecinos esta persona fue detenida y hasta cumplió una condena. Nunca más supimos de sus garabatos por acá.
De a poco fui dándome cuenta de que, sin ser millonarios ni mucho menos, vivíamos en un lugar privilegiado dentro de una ciudad azotada por la delincuencia, la pobreza, la basura, la suciedad visual. Papá tuvo un excelente ojo al elegir esta casa por sobre otras que cotizó en su momento. Los pocos amigos que han venido a mi morada siempre elogian nuestra vivienda, su ubicación y lo acogedora que es.
Una vez que andaba de paseo con mi familia por Viña del Mar me llamó la atención la cantidad de locales comerciales en la estrecha calle de 5 Norte, todos colindando con edificios residenciales de alto nivel y fue inevitable reflexionar "¿esta gente podrá conciliar el sueño con tanta gente que transita por acá, incluso en la noche? Qué mal..." Ni sabía lo que estaba por venir.
Fuimos testigos del cierre paulatino de los locales comerciales del barrio, como las peluquerías, la librería. Pero cuando cerró la panadería que conocí desde que llegamos al sector quedamos estupefactos. Al parecer el negocio ya no era tan rentable con la competencia de los supermercados y las panaderías del plan. El almacén principal, cuyos dueños vivían ahí mismo, amplió sus espacios para ser mayoritariamente una surtida botillería.
Dichos locales estuvieron desocupados durante algunos meses. Pronto se convirtieron en restaurantes internacionales, bares, hoteles, heladerías que atrajeron no a la población local, sino a los turistas deseosos de ver el lado "bonito" y seguro de Valparaíso. Obvio, quienes vivimos acá siempre lo mantuvimos así para los propios vecinos, no para la gente de afuera.
Pasamos de tener al ocasional estudiante de primer año de arquitectura a un molesto y constante flujo de turistas nacionales y extranjeros. Muchos de mis vecinos de años simplemente vendieron sus casas y se fueron del barrio. Naturalmente esta cantidad de personas atrajo a vendedores y músicos ambulantes, aumentando la contaminación visual y sonora. Para qué hablar de los "cuidadores de autos" de ocasión, que hasta han tratado de cobrarnos ¡por estacionarnos en nuestro propio lugar!
Los fines de semana hace mucho rato que dejaron de ser tranquilos. Resulta frustrante ver a los santiaguinos suburbanos aplaudir el grafiti y a los músicos ambulantes metiendo bulla tocando las únicas dos canciones que se saben. Acordeones eternos, tambores eternos, guitarreos eternos. Muchas veces no podemos escuchar nuestros propios pensamientos. Lo peor es que cuando viene carabineros la misma gente (que por la noche disfruta tranquilidad en su condominio cerrado y vigilado por guardias) solidariza con los ambulantes, que vienen a lucrar a costa de la calidad de vida de los residentes que aún quedamos en el barrio. Hasta los motoqueros se sienten con el derecho de estacionar sus vehículos en un pasaje claramente marcado como peatonal.
Hay quienes señalan que estos negocios crean empleos. Veamos la calidad de estos empleos primero: meseros, baristas, cajeros, dependientes... Todos a sueldo mínimo o propinas. Recuerdo una vez que venía subiendo por el ascensor Reina Victoria y escuché la conversación de un mesero del restaurant FAUNA (tan sobrevalorado por el "red-set") con un amigo, y le comentaba que venía algo atrasado para su turno, y que la administración le descontaba el 50% de sus propinas si llegaba 5 minutos tarde. Éso sí que es ser negrero y miserable, y en realidad no me extraña de la moral de sus dueños.
La única solución para nosotros también sería emigar de acá. Lamentablemente eso no es financieramente posible para nosotros. Sólo nos queda luchar y resistir, aunque sea con eternas cartas a la municipalidad y la autoridad policial. Porque si no nos dejan tranquilos, tampoco los dejaremos tranquilos a ellos.
De tubos a leds
Cuando enfermaba y tenía que pasar todo el día en cama mi papá ponía el televisor a color en su dormitorio (donde pasaba mi convalescencia) y disfrutaba de la programación nacional a mi antojo, aunque fuera por sólo un par de días. En aquella época iba al colegio durante la tarde, de modo que ver los bloques infantiles que pasaban a esa hora era toda una novedad. Al menos, al llegar de la escuela siempre estaba "Pipiripao" a la hora del té, de modo que podía disfrutar de un rato de dibujos animados antes de hacer mis tareas e irme a la cama.
Con el tiempo la sala y cada dormitorio incorporaron un aparato de televisión, y ya cada quien podía ver lo que quisiera dentro de la parrilla de 6 canales nacionales recibidos a través de la misma antena del televisor (la ventaja de vivir en un cerro en Valparaíso). Aunque al llegar a casa de la jornada de la tarde pues no me daba muchas opciones más que la guerra de las teleseries, las noticias y el estelar de cada noche.
Más adelante escucharía hablar a mis compañeros sobre "la televisión por cable", un servicio contratado, tal como el agua y la electricidad, que permitía ver un centenar de canales extranjeros, cada uno con su programación específica. Lo que más me llamaba la atención era que había canales que pasaban dibujos animados TODO el día. Asombroso, un canal sin noticias, sin telecebollas, sin partidos de fútbol ni programación cursi. Además estaban los canales con documentales, de cocina, en idiomas extranjeros. Todo sonaba muy interesante. Pero como casi todo lo bueno, era un lujo que sólo las familias más pudientes podían darse.
En mi último año de escolaridad mi padre me regaló mi primer computador, con el cual aprendí muchas habilidades y además me inicié en el mundo de los videojuegos. El mundillo televisivo dejó de atraerme como medio de distracción, salvo excepciones. En realidad estaba más interesado en tener Internet que TV cable, el cual que llegué a tener por conexión telefónica, que hacía subir mucho el Servicio Local Medido, para horror de mi papá cuando llegaba la cuenta del teléfono.
Años más tarde finalmente tuvimos el llamado "triple-pack". Todo se veía muy interesante, y el reto era saber en qué canal iban a dar algo realmente más atractivo como para dejar de ver otro canal cuya programación era casi igual de interesante. Ver dibujos animados, especialmente Anime, por las las noches era una delicia.
Con el tiempo descubrí que todos esos 100 canales pasaban una cantidad abrumadora de infomerciales con productos ridículos. Que los documentales se convertían reality shows. Y que los dibujos animados eran reemplazados por series sobre insoportables adolescentes. Para qué refererirme a la televisión local: la farándula, el mal gusto y la incultura son los intermedios de la publicidad del corrupto y codicioso industrial nacional.
Por esta razón volví a los medios que ofrece Internet. YouTube y el software P2P, entre otros, se volvieron en mi fuente de entretenimiento. Claro que encontrar capítulos de una serie era algo tedioso, y el mercado negro lo sabía perfectamente.
Con el advenimiento de la banda ancha ya cualquier tipo de contenido se volvió más fácil de encontrar y descargar o reproducir en la misma web, con el riesgo, claro, de contraer algún tipo de virus informático o malware. La decadente industria mediática iniciaba su "cacería de brujas", gritando ¡PIRATA! a cualquiera que no se conformara con lo que ellos llevaban a la mesa y buscara entretenimiento por otras vías. Por supuesto, no es más que un reflejo de su propio mal manejo de contenidos y la manera obsoleta de distribuirlos.
Y llegó la era Netflix, una extensa biblioteca de series y películas disponibles en todo momento, sin insufribles comerciales, legal, por una cuota mensual bastante asequible. El mejor descubrimiento para alguien que disfruta ver estas producciones, sobretodo en la comodidad de casa, frente al computador o un dispositivo móvil, y a cualquier hora.
Por supuesto, no todo podía ser tan perfecto. La cantidad de contenidos, si bien es extensa, permanece limitada por la disponibilidad temporal de series y películas, supuestamente por un tema de "derechos", un concepto obsoleto para este siglo, y para cualquier tipo de avance como sociedad digital.
No sé que nos espera dentro de unos años: los contenidos holográficos, la transmisión neuronal, quién sabe, ya nada me sorprende en realidad, sólo trato de adaptarme al presente según mi propia corriente de pensamiento, muy libertaria por demás. Sólo espero que el avance tecnológico sea positivo y accesible para todos.
domingo, 25 de diciembre de 2016
El mejor día del año
Similarmente, durante todo el año espero Nochebuena y Navidad, días mágicos que traen hermosos recuerdos de mi infancia. Tener a toda la familia reunida, la exquisita comida, el intercambio de obsequios, los especiales televisivos de Navidad, las golosinas, los juegos, las luces festivas. La lista completa de mis cosas favoritas, todas juntas en un par de días.
Cuando la gente habla de "salir de la rutina" es a esto a lo que me refiero.
Hace 15-20 años mi barrio era mayoritariamente residencial. El comercio era poco y dedicado principalmente a suplir las necesidades de la comunidad, como una peluquería, una panadería, un par de almacenes y botillerías. De modo que la vida era tranquila, muy familiar, una paz que sólo se quebraba por las risas de niños jugando en los pasajes o la calle. Y en Nochebuena la quietud era particularmete de cuento de hadas, pues todos estaban en casa compartiendo con su familia.
A medianoche era normal ver a niños pequeños junto a un familiar mayor pasear aleatoriamente por el barrio, una estrategia para sacarlos de la casa mientras "Santa Claus" ponía los regalos bajo el árbol. A mí me hacían subir a mi dormitorio a esperar al Viejo Pascuero, mientras rápidamente sacaban los regalos de su escondite y los colocaban en la sala de estar. Ya con la llegada de mis sobrinos me tocó continuar con este ritual, mientras los demás hacían la "magia" de la Navidad. De hecho no recuerdo haber participado de la colocación de los regalos en mi vida.
Con el aburguesamiento mi barrio se ha transformado en un centro comercial a cielo abierto para turistas y visitantes, donde destacan restaurantes con precios inflados, hoteles "boutique", tiendas fifí vendiendo repostería industrializada a precio hipster/artesanal, sin contar a ambulantes oportunistas que tratan de vender piedras, fierritos y trapos, entre otras chucherías, como souvenirs autóctonos a los incautos extranjeros guiados por estrepitosos guías locales.
Si bien toda la semana el bullicio foráneo generado precisamente a causa de este aburguesamiento es incesante, y aún peor en los fines de semana, durante Nochebuena fue reducido al mínimo con los negocios cerrados y el flujo de gente reducido exclusivamente a los residentes. Me sentí cronotransportado a tiempos más felices y apacibles, cuando antes de la cena de Nochebuena (y después de los especiales televisivos de Navidad) me quedaba en el patio, contemplando el cielo despejado de verano, buscando la mítica Estrella de Belén.
Aunque pasear por mis calles y ver que la gente aún decora la fachada de sus casas y pone el árbol de Navidad junto a una ventana para que los peatones lo admiremos, sigo resintiendo la "involución" del otrora tranquilo sector que ha sido testigo de mi crecimiento por ya 30 años.
Quizás la vida me hizo este regalo de tener una noche tranquila en mi cerro, para variar. La próxima toca en Viernes Santo, cuando la culpa católica motiva a la población a "no pecar" y quedarse en casa. Para mí el resto del año es sólo hacer tiempo hasta la próxima Nochebuena, cuando el día tiene un aroma y color distinto, y la magia de ver sonreír a toda la familia vale cada peso invertido. Feliz y mejor año para todos.
martes, 13 de diciembre de 2016
Nostalgia de navidades pasadas
miércoles, 30 de noviembre de 2016
Apología de los regalos "comodines"
lunes, 7 de noviembre de 2016
Mini feria de las pulgas 2016
Crema Facial De Día Humectante Fps 20 Nivea Q10 Plus
Banano Style 510 Xtrem Negro Samsonite
Autos Hot Wheels Marvel Avengers
Lady Antebellum - Need You Now
Enya - The Very Best Of Enya
Enya - Watermark
Lulú Jam - Temporada Alta
I Lived On Butterfly Hill - Marjorie Agosin
La Tía Tula - Miguel De Unamuno
Consultas a través del enlace respectivo de MercadoLibre o por correo a dtapial(@)gmail.com
lunes, 22 de febrero de 2016
Playmobil Dollhouse 5951, a quick review
miércoles, 6 de enero de 2016
Micro cuento de verano
viernes, 1 de enero de 2016
Lecciones del 2015
domingo, 15 de noviembre de 2015
Civilization: Beyond Earth Rising Tide, apreciaciones personales
Recuerdo que escribí mis apreciaciones personales sobre el juego base y las expectativas de mejoras que podrían implementarse para hacer de este título un clásico imperdible dentro del género de estrategia por turnos; y ahora, releyéndolas, me doy cuenta de que si bien hubo mejoras sorpresas alguno que otro detalle quedó en el tintero.
Lo más evidente fueron las mejoras estéticas, donde lo genérico dio lugar a lo específico, como por ejemplo en el árbol tecnológico (con diferenciación por colores de unidades, edificios, maravillas, habilidades y afiniddes); el mapa (donde el océano adquiere textura y profundidad); y el cambio de imágenes estáticas en las victorias por cinemáticas, aunque un poco básicas para mi gusto, absolutamente mejorables por un equipo talentoso, con tiempo y bien pagado.
Otro de los cambios evidentes fue la diplomacia y el "capital político" como nuevo recurso, útil para lograr acuerdos en beneficio de la colonia o incluso la compra de edificios o unidades, junto con la adición de interesantes nuevas facciones.
martes, 3 de noviembre de 2015
Servicio de utilidad pública
lunes, 12 de octubre de 2015
De cuello blanco a cuello azul
Ese reglamento es apropiado para un liceo de enseñanza media, no para un adulto responsable, con criterio formado y sentido común. Sí, las personas somos diferentes, y más de alguno necesitará esa "luz" que no le dieron en casa o la escuela. Conocí realidades donde miembros de una disque "familia católica y con valores" hurtaba especies de sus lugares de trabajo para reducirlas por Internet o consumirlas en su domicilio, como si fuera lo más natural del mundo, pero manejar sin un rosario colgando del espejo retrovisor bien a la vista (qué chabacano) era buscarse el infierno seguro. Yo también he tenido algún tipo de carencia material, y también sentido frustración frente a las injusticias de un mundo imperfecto a causa de seres humanos desalmados, pero aún así nunca he robado bajo justificación alguna, como sí lo han hecho algunos políticos sin estima por la higiene personal.Sólo puedo decir que ojalá la empresa no busque lealtad o que "me ponga la camiseta por ellos", como señala el hilarante y trillado cliché de gerentes irresponsables. Mientras no haya reciprocidad pues yo me levanto sólo para ganarme las lucas en este momento, y si sale algo mejor, pues, que le digan adiós a mi cuerpo.




















