jueves, 5 de octubre de 2006

La vulnerabilidad de la información personal

Hace unos meses, desde que renuncié a las cadenas de la esclavitud a las que fui sometido durante este año, empecé a recibir publicidad de la financiera ATLAS, nombrada aquí no con propósitos publicitarios, sino más bien con fines ilustrativos y ejemplificatorios para que el lector juzgue por sí mismo la agenda de este tipo de instituciones.

Me extrañó al principio porque no tengo lazos financieros con ninguna casa comercial, todo lo compro al contado y en efectivo. Me pregunté "¿De dónde habrán sacado mi información personal?". Tiempo después supe que a muchos de mis ex compañeros universitarios y ahora colegas también les empezó a llegar correo basura a sus propias casas ofreciendo créditos, cuentas bancarias, entre otros productos y servicios.

¿Coincidencia? No lo creo. Es obvio, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y el Banco Estado venden la información personal de sus clientes a otras instituciones financieras, entre otras, con el fin de que éstas últimas tengan la oportunidad de ofrecer productos y servicios a jóvenes profesionales inexpertos, cuyo objetivo será atarlos de por vida a la respectiva institución con sus prestaciones.

Realmente siento una gran molestia de que la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y el Banco Estado utilice la información privada de sus clientes con el objeto de seguir lucrando inmoralmente incluso tiempo después de que hayan roto lazos burocráticos. Lo que es peor, es una práctica generalizada y erróneamente tolerada.

Llamé a la mencionada financiera para pedirles que me sacaran de su base de datos publicitaria, y la estúpida que me atendió me dijo que tendría que ir a la sucursal más cercana, pedir una solicitud y firmarla, era la única manera de que me borraran. ¡ABSURDO! Ya que jamás firmé un papel para que me llegara su correo basura a mi propio hogar.

Fui y pregunté cómo la financiera había conseguido mi información personal. La tipa repondió indirecta y evasivamente, pero cualquiera podía concluir que eran la universidad y el banco ya señalados. Leí muy bien esos papeles, los firmé y me garantizaron que en 8 semanas me borrarían de la base de datos... ¡Ocho semanas! ¡Se demoraron 40 segundos en escribir mis datos en un computador y se demorarán 8 semanas en borrarme! Es el colmo. Moraleja para mí y para el resto que lee atento estas palabras: JAMÁS SOLICITAR SERVICIO ALGUNO DE LA FINANCIERA ATLAS O CUALQUIER EMPRESA QUE ENVÍE CORREO NO SOLICITADO AL HOGAR.

Si alguna vez empiezan a recibir este tipo de correspondencia no solicitada, dense el tiempo de averiguar la manera de que no les siga llegando. Quita tiempo a los carteros, es un gasto innecesario de papel, contribuye al aumento de residuos en los basurales y terminan quitándonos tiempo a nosotros mismos.

1 comentario:

Daniel dijo...

Yasnis, Romi, dejen de hacerse las viejas cuicas (porque estan lejos de serlo!!!) y posteen, PAR DE PASTELAS!!!